El impacto de perder peso muy rápido en nuestro cuerpo

26 de enero de 2024

Evita cualquier programa que te prometa una pérdida de peso rápida y milagrosa; en cambio, opta por aquellos que proponen un enfoque lento y a largo plazo. La termodinámica sigue leyes inalterables, y todo proceso tiene sus tiempos adecuados para ser saludable. Saltarse este proceso resultará perjudicial tanto para la salud como para la pérdida de peso. ¡Quédate a leer este artículo y te contamos el verdadero el impacto de perder peso muy rápido en nuestro cuerpo!

La naturaleza humana tiende a buscar soluciones rápidas; anhelamos resultados instantáneos. Después de acumular grasa durante años, buscamos deshacernos de ella con programas mágicos de 28 días justo antes del verano.

En lugar de invertir en herramientas sin fundamentación, como trajes de sudoración y productos mágicos, es más sensato destinar ese dinero a profesionales de la salud. ¿Alguna vez has calculado cuánto dinero has gastado en estos productos y lo has comparado con el tiempo que podrías haber invertido en entrenar con un educador físico deportivo?

Milagros: pérdida de peso en el mundo fantástico

La primera semana, el primer milagro

¿Es posible perder tres o cuatro kilos en una semana? Sí, es factible. ¿Cuánto de ese peso perdido corresponderá a masa grasa? Muy poco, en realidad. Por lo general, el comienzo de una dieta para perder peso suele coincidir con el primer día de gimnasio.

En este momento, se produce un fenómeno en el cual los almacenes de glucógeno presentes en músculos e hígado se agotan durante el entrenamiento y no se reponen con la dieta.

Considerando que tenemos alrededor de 500 gramos de glucógeno almacenados, y que cada gramo de glucógeno está vinculado a unos tres mililitros de agua, simplemente agotar estos almacenes resultará en una disminución de dos kilos en la balanza. Dos kilos menos de peso, pero sin ninguna reducción en la cantidad de grasa.

Pérdida de masa muscular y pérdida de masa ósea

Durante las primeras dos semanas, una disminución drástica de peso no presenta mayores problemas. Sin embargo, si persistimos en perder cantidades desproporcionadas de peso semana tras semana durante un periodo prolongado, comenzaremos a experimentar impactos negativos en nuestro cuerpo.

Una pérdida significativa de peso por semana conlleva la pérdida de una parte considerable de masa muscular, dado que existe un límite en la cantidad de grasa que podemos eliminar semanalmente. Una vez alcanzado este límite, cualquier exceso no será grasa, sino masa muscular.

Incluso una porción de masa ósea puede sufrir las consecuencias de una disminución rápida de peso, especialmente entre los 15 y los 30 años, cuando se acumula el depósito óseo necesario para la vejez.

A pesar de registrar un menor peso en la balanza, nuestra estética y salud se verán comprometidas a medida que el peso disminuye abruptamente.

Insuficiente ingesta de proteína, vitaminas y minerales

Cuando ingerimos un número muy reducido de calorías, resulta difícil alcanzar el mínimo diario necesario de proteínas, vitaminas y minerales. Esto no solo incrementa la pérdida de masa muscular, sino que también afecta el funcionamiento del cuerpo al privarlo de las vitaminas y minerales esenciales para su correcto desempeño.

Termoadaptación: nos adaptamos a la escasez

Nuestro cuerpo es una maquinaria perfectamente adaptativa a las circunstancias. Si persistimos en mantener una dieta extremadamente restrictiva durante periodos prolongados, nuestro organismo se transforma en un ahorrador. Esto da lugar a un ciclo pernicioso en el que necesitamos reducir cada vez más la ingesta para lograr la misma pérdida de peso que en la semana anterior.

Este proceso también afecta a las hormonas reguladoras del hambre y el apetito, como la ghrelina y la leptina. En resumen, estamos induciendo a nuestra maquinaria perfecta a funcionar de manera imperfecta.

Atracones y sensación de culpabilidad, unidos a un peor humor

Después de reducir drásticamente la ingesta de alimentos y experimentar un desequilibrio en las sensaciones de saciedad y hambre, el siguiente paso suele ser un atracón seguido de una sensación abrumadora de culpabilidad. En etapas más avanzadas, este patrón puede evolucionar hacia la bulimia y otros trastornos de la conducta alimentaria (TCA).

La combinación de hambre persistente, sentimientos de culpa y la baja ingesta de energía contribuyen a crear un estado de ánimo más irritable, lo que repercute en un peor humor.

Efecto rebote

La fase concluyente de la pérdida de peso rápida se denomina comúnmente efecto rebote. La mayoría de las personas que experimentan una pérdida de peso abrupta tienen dificultades para mantenerlo a largo plazo, siendo lo que algunos entrenadores llaman el "después del después".

Una vez que recuperamos una parte significativa o incluso aumentamos el peso perdido, es posible que nos veamos tentados a repetir el ciclo. Este patrón conlleva la pérdida adicional de masa muscular y afecta negativamente a nuestra salud, aumentando la probabilidad de caer en un ciclo insalubre y continuo.

Te dejamos un video en nuestro canal de YouTube Método Lázaro sobre "¿Dinero, Físico o Personalidad?"

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