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Entrenamiento para prevenir la fragilidad en la edad adulta

Entrenamiento y fragilidad

Ya hemos compartido con vosotros la importancia de acompañar los distintos momentos de la vida con rutinas de ejercicio adaptadas a cada uno de ellos. Básicamente hablamos de cómo combatir el envejecimiento natural con ejercicio, para mantener nuestra salud y poder disfrutar esa nueva etapa. Por eso, para complementar esta temática que inevitablemente nos llegará a todos, aquí hablaremos sobre cómo el entrenamiento puede prevenir la fragilidad propia de la edad adulta.

Al llegar a la edad adulta, el principal reto en cuanto a nuestra salud radica en mantener la autonomía y la independencia.  Intentando siempre medir la salud de personas mayores en términos de función y no de enfermedad. El objetivo será entonces, obtener el mayor grado de autonomía posible.

Concepto de fragilidad

El estado de fragilidad en sí mismo, es un síntoma clínico-biológico que se caracteriza por una disminución de la resistencia y de las reservas fisiológicas de la persona mayor ante situaciones estresantes.

Esto se da como resultado del desgaste acumulado de los sistemas fisiológicos. Además puede provocar un mayor riesgo de sufrir efectos adversos para la salud. Las consecuencias más conocidas son las caídas frecuentes, distintos tipos de discapacidad, la necesidad de hospitalización y, en los casos más extremos, la muerte.

En cuanto a sus manifestaciones visibles, la mayoría de los profesionales coinciden en que las más habituales son una fuerte disminución involuntaria del peso corporal, de la resistencia y de la fuerza muscular. También puede materializarse como trastornos del equilibrio y de la marcha, y como una reducción en la movilidad física.

Fragilidad y su relación con la discapacidad

Muchas veces estos conceptos son utilizados como sinónimos. Sin embargo, debemos considerar una serie de diferencias entre ambos que permitirán entender mejor de qué se tratan.

Ya definimos en qué consiste la fragilidad. Ahora veamos, la discapacidad es, precisamente, la incapacidad de realizar, al menos, una de las actividades de la vida cotidiana.

Si bien ambas categorías tienen en común que la posibilidad de padecerlas se incrementa en las edades avanzadas. También poseen un riesgo de dependencia y muerte, pueden diferenciarse en tres aspectos clave:

  • La discapacidad puede aparecer a partir de la disfunción de uno o varios sistemas fisiológicos. Mientras que la fragilidad siempre surge por la disfunción de múltiples sistemas.
  • Una discapacidad puede mantenerse estable durante muchos años; por el contrario, la fragilidad tiende a ser progresiva con el paso del tiempo.
  • Por último, muchos adultos mayores pueden padecer fragilidad sin estar necesariamente discapacitados.
Prevenir la fragilidad con entrenamiento

Prevenir la fragilidad con entrenamiento

Prevención de la fragilidad y la discapacidad

Prevenir la discapacidad actuando sobre la fragilidad es posible. Esto es gracias a que esta última puede detectarse y es susceptible de intervención.

Para reducir la fragilidad es necesario actuar sobre su principal factor de riesgo, es decir la inactividad.

La inactividad es un elemento fundamental en el desarrollo de la fragilidad, puesto que cumple un rol esencial en determinar el estado cardiovascular, la resistencia insulínica y el deterioro musculo-esquelético (sarcopenia). Al mismo tiempo, influye en el deterioro cognitivo y la depresión.

Es por esto que los métodos centrados en el ejercicio físico han demostrado de sobra su eficacia en retrasar e, incluso, revertir tanto la fragilidad como la discapacidad. Asimismo, la actividad física puede traer resultados sumamente positivos en cuanto a mejorar el estado cognitivo de la persona y fomentar su bienestar emocional.

Por otro lado, si estas actividades se llevan a cabo de forma grupal, tienen el beneficio añadido de impulsar el bienestar y las relaciones sociales de las personas adultas. Aspecto no menor para la prevención de cuadros depresivos.

Conclusión

En conclusión y como hemos visto, los programas de ejercicio físico multicomponente y, en particular, el entrenamiento de la fuerza, constituyen las herramientas más eficaces para retrasar la fragilidad y sus efectos adversos.

Leer más sobre cómo combatir el envejecimiento con el ejercicio.

3 comentarios
  1. Carmen
    Carmen Dice:

    Al leer esta información, se toma conciencia de la importancia de hacer ejercicio sobre todo en edad adulta para mantenernos en buena forma y sin fragilidad los últimos años de nuestra vida.
    Buen artículo!

    Responder
    • entrenadorpersonal
      entrenadorpersonal Dice:

      Gracias Carmen, si con nuestro artículo logramos que algunas personas se inicien a realizar alguna actividad física, nos damos por satisfechos sobre todo si en la edad adulta.
      Saludos

      Responder

Trackbacks y pingbacks

  1. […] de la persona a fin de que le resulte un beneficio y esto va tanto para personas jóvenes como para mayores, simplemente hay que recurrir a profesionales adecuados del entrenamiento […]

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