Los cinco tipos de hambre que existen

25 de enero de 2024

A lo largo del día, experimentamos diversos momentos de hambre, pero rara vez nos detenemos a cuestionar si se trata de una necesidad real de alimentarnos (hambre fisiológica) o si surge por otras razones, como haber comido recientemente o no tener los depósitos de energía vacíos. Una especialista ha identificado y definido los distintos tipos de hambre que existen, proporcionando una comprensión más detallada de cada uno.

Los cinco tipos de hambre que nos incitan a comer

María de los Ángeles García García, reconocida divulgadora científica conocida en las redes como Boticaria García, compartió en una reciente participación en el programa Zapeando de La Sexta su perspectiva sobre los cinco tipos de hambre existentes. Contrario a la creencia de que el hambre es únicamente un fenómeno fisiológico, la experta señaló que nuestra relación con la alimentación abarca aspectos más amplios.

Desde una perspectiva evolutiva, nuestro cerebro evolucionó para enviar señales de hambre como una medida de supervivencia, evitando así la inanición y la muerte por falta de energía. Aunque nuestra sociedad ha experimentado cambios significativos, nuestra fisiología no ha evolucionado de la misma manera.

Este desajuste entre la evolución social y fisiológica ha llevado a que los seres humanos experimenten diferentes tipos de hambre más allá de la necesidad básica de ingerir alimentos para sobrevivir. Boticaria García identifica cinco tipos de hambre: fisiológica, emocional, ambiental, hormonal y el 'Dragon Khan'. Estos pueden manifestarse de forma simultánea, complicando el proceso cognitivo que enfrenta nuestro cerebro diariamente.

Hambre fisiológica

Nuestro organismo está diseñado para enviar señales cuando los niveles de energía son bajos, regulado por la hormona del hambre (grelina) y la hormona de la saciedad (leptina). Cuando estas hormonas funcionan adecuadamente, experimentamos hambre solo cuando realmente necesitamos comer, pero esta sincronización no es común.

El consumo de alimentos ultraprocesados y la falta de actividad física durante el día pueden desregular este mecanismo, resultando en un mal funcionamiento de nuestras hormonas. En consecuencia, es posible que estas no transmitan correctamente las señales de hambre ni las de saciedad, lo que puede llevarnos a no percibir correctamente cuándo debemos comer o detenernos porque ya hemos ingerido suficiente.

Hambre emocional

El hambre emocional aparece por estrés, ansiedad o aburrimiento, que busca en la comida mitigar esos estados. Este tipo de hambre es el que aparece cuando llegas a casa del trabajo, te sientas en el sofá y se une el estrés del día, el tráfico y el aburrimiento hasta la hora de dormir.

La comida se convierte en ese momento en una recompensa, más que en nutrientes, por lo que además de querer comer, buscaremos opciones poco saludables. Al ingerir ultraprocesados como bollería industrial nuestro cuerpo libera dopamina, que es neurotransmisor que nos "hará sentir bien" con esos productos.

Hambre ambiental

"El impulso de pedir postre persiste, incluso cuando ya estamos satisfechos". Al llegar a un lugar y recibir la sugerencia de probar algo delicioso o al ver a alguien disfrutando de un gofre en la calle, experimentamos un repentino deseo de saborear algo similar. Una vez más, la dopamina nos atrae hacia lo visualizado, anticipando el placer antes de consumirlo.

En individuos con obesidad, la voracidad ambiental se convierte en un desafío significativo debido a la desregulación de sus niveles de dopamina. Esto provoca un deseo más intenso de consumir alimentos en comparación con personas sin obesidad. No solo eso, sino que también buscan ingerir mayores cantidades para obtener la misma recompensa.

Hambre hormonal

Existen hormonas que interfieren con las señales precisas del hambre, ya sea de manera adecuada o inapropiada. El cortisol, principal hormona del estrés, tiene la capacidad de afectar a la grelina y la leptina, así como al exceso de grasa acumulada. Esto provoca un aumento de la grelina, intensificando la sensación de hambre, y una disminución de la leptina, reduciendo la sensación de saciedad.

Hambre el “Dragon Khan”

Esta variante de hambre sigue un patrón similar al de una montaña rusa, siendo desencadenada por los picos de insulina posteriores al consumo de alimentos ultraprocesados. Al ingerir alimentos ricos en azúcares simples, experimentamos un aumento abrupto de insulina, seguido inevitablemente por una rápida disminución.

La brusca caída en los niveles de insulina nos impulsa a buscar más alimentos, creando así un deseo de comer con mayor frecuencia. Un error común es iniciar el día con cereales azucarados, productos ultraprocesados o pan refinado, lo que nos sumerge en un ciclo constante, similar a la montaña rusa del "Dragon Khan". Este patrón persistente a lo largo del día puede llevarnos a consumir mayores cantidades de alimentos al final del día. Controlar estos picos de azúcar en sangre y las consiguientes caídas puede ser clave para evitar este ciclo alimentario perjudicial.

Te dejamos un video en nuestro canal de YouTube Método Lázaro sobre "¿Dinero, Físico o Personalidad?"

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